Fuera de foco
Rocha vuelve: la jugada de AMLO contra Claudia
Por Renán Martinez Casas
Rubén Rocha Moya volvió a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia. Lo hizo en medio de una acusación formal de Estados Unidos por sus presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa y mientras la investigación mexicana sigue abierta. Su regreso provocó una reacción política extraordinaria: el gobierno de Claudia Sheinbaum se deslindó, Morena también, la bancada morenista pidió que reconsiderara su decisión y 23 gobernadores del movimiento cerraron filas con la presidenta. Los hechos requieren una lectura más amplia: el regreso de Rocha bien puede ser un movimiento de Andrés Manuel López Obrador contra Claudia Sheinbaum, en un momento en que la relación entre ambos empieza a cruzarse con asuntos de seguridad, cooperación con Estados Unidos y riesgo judicial para figuras del expresidente.
El regreso
Rocha Moya volvió porque decidió volver. Esa afirmación parece obvia, pero políticamente es el punto de partida. No hubo una una instrucción de la Presidencia ni una operación partidista visible para acompañarlo. Al contrario: el aparato político que lo llevó a la gubernatura se apresuró a marcar distancia.
Eso convierte el regreso en algo más que una decisión administrativa. Rocha recuperó el cargo, pero lo hizo exhibiendo una fractura dentro de su propio movimiento. El gobernador regresó al Palacio de Gobierno mientras Morena explicaba que no había sido consultado y Gobernación aclaraba que se trataba de una decisión personal.
Rocha recuperó poder institucional y perdió respaldo político.
La jugada de López
Mi hipótesis central es que el regreso de Rocha forma parte de una jugada de López Obrador frente a Claudia Sheinbaum. El objetivo no tendría que ser exclusivamente defender al gobernador sinaloense. Rocha puede ser la pieza de una disputa mayor por la conducción del movimiento y por la respuesta que México debe dar a la presión estadounidense.
El momento resulta significativo. El entorno de López Obrador enfrenta señales de creciente presión estadounidense, entre ellas el episodio del retiro de la visa de su hijo Andrés Manuel López Beltrán. La relevancia política del asunto está en que Washington esta ampliando su escrutinio sobre figuras vinculadas con AMLO.
En ese escenario, Rocha adquiere una utilidad política evidente. Un gobernador señalado por Estados Unidos regresa al poder en México y reivindica su derecho a gobernar mientras las instituciones mexicanas continúan investigando. La señal hacia Washington es que una acusación estadounidense no determina por sí misma quién gobierna en México.
Pero existe otra señal, dirigida hacia Claudia: el poder del ex todavía puede mover piezas dentro de Morena y poner a la presidenta frente a un hecho consumado.
Andy y el riesgo judicial estadounidense
La visa de Andy importa por lo que significa dentro del entorno de López Obrador. El problema no es la visa en sí, sinonla posibilidad de que Estados Unidos esta construyendo una mirada judicial amplia sobre figuras cercanas al expresidente.
Ese escenario modifica los incentivos políticos. Una cosa es enfrentar críticas estadounidenses contra el gobierno mexicano. Otra es que las investigaciones de agencias y tribunales estadounidenses puedan alcanzar a personas vinculadas directamente con el antiguo núcleo presidencial.
El regreso de Rocha puede leerse entonces como parte de una defensa política frente a esa presión. Si Washington amplia su radio de acción, la respuesta reafirma el control mexicano sobre sus propios políticos, sus instituciones y sus decisiones.
Harfuch en escena
Omar García Harfuch representa otro punto de tensión. López Obrador siempre mantuvo reservas sobre su trayectoria policial y su relación con estructuras de seguridad de gobiernos anteriores. Claudia Sheinbaum, en cambio, lo convirtió en uno de los hombres centrales de su estrategia de seguridad.
Harfuch también ha desarrollado una cooperación directa con autoridades estadounidenses, incluida la DEA. Eso marca una diferencia sustancial respecto de la relación que López Obrador mantuvo con las agencias estadounidenses durante su gobierno.
La cuestión puede ser vista desde el lopezobradorismo como una transformación del modelo de seguridad. La política de Sheinbaum abre una relación operativa con Washington que AMLO mantuvo bajo fuertes restricciones. Harfuch es el funcionario que encarna esa transformación.
Por eso la disputa política entre ambos proyectos empieza a tocar un terreno especialmente sensible: la seguridad y la información que circula entre México y Estados Unidos.
Sinaloa y el caso Cuén
En este punto aparece Fausto Corrales, el principal testigo del caso Cuen. Su detención, prácticamente coincidente con el regreso de Rocha, merece atención precisamente por su relación con el expediente de Héctor Melesio Cuén y por las conexiones de ese caso con la captura y traslado de Ismael “El Mayo” Zambada.
El caso Cuén concentra algunas de las cuestiones más delicadas de la crisis sinaloense. Ahí convergen política, crimen organizado, justicia mexicana y justicia estadounidense. Cualquier movimiento relevante en ese expediente puede alterar el equilibrio político de Sinaloa.
Por eso la coincidencia temporal importa. Rocha vuelve mientras se mueve una pieza relevante del tablero judicial sinaloense. El dato convierte su simultaneidad en una cuestión que merece ser observada.
Los gobernadores se alinean con Claudia
La reacción de los gobernadores morenistas es quizá el signo político más importante de todos.
Veintitrés gobernadores cerraron filas con Claudia y pidieron a Rocha actuar con madurez y congruencia. Morena hizo lo mismo. Legisladores del partido pidieron que reconsiderara su regreso. Sus aliados, el Partido Verde y el del Trabajo tampoco respaldó la decisión.
Aquí hay una transformación de fondo. Los gobernadores pueden conservar respeto por López Obrador, reconocer su papel histórico y mantener vínculos con su grupo político. Pero gobiernan con Claudia. Su presupuesto, su coordinación institucional y buena parte de sus posibilidades políticas dependen de quien ocupa actualmente la Presidencia.
Por eso su posición puede ser leída como pragmatismo político, pero también como una señal de desplazamiento del centro de gravedad del movimiento López Obrador conserva autoridad histórica. Claudia controla el Estado. Esa diferencia comienza a tener consecuencias.
El desacoplamiento
Durante el sexenio de López Obrador, liderazgo político y poder institucional estuvieron concentrados en la misma persona. Después de 2024 esa unidad desapareció. El expresidente conserva una influencia enorme sobre Morena, pero ya no controla el gobierno. El episodio Rocha podría estar mostrando el comienzo de un desacoplamiento.
Los actores del movimiento pueden seguir reconociendo a López Obrador como fundador y referente histórico mientras empiezan a actuar conforme a los intereses del gobierno de Claudia. No necesitan romper públicamente con él. Basta con que, ante una disputa concreta, elijan a quién respaldar.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con Rocha. El gobernador regresó. López Obrador consiguió colocar el asunto en el centro de la conversación política. Pero Claudia consiguió algo más importante: Morena, sus legisladores, sus aliados y sus gobernadores se alinearon con ella.
Lo que está en juego
Por eso el regreso de Rocha puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece. La cuestión ya no es solamente si el gobernador debe permanecer en el cargo. La cuestión es quién define los límites del movimiento político construido por López Obrador ahora que él ya no controla el Estado.
Andy aparece en el horizonte por la presión estadounidense. Harfuch aparece como símbolo de una política de seguridad distinta. La DEA representa una cooperación que el expresidente siempre observó con desconfianza. Sinaloa concentra una crisis criminal y judicial de dimensión internacional. Cuén y “El Mayo” conectan esa crisis con Estados Unidos. Corrales aparece en medio de ese expediente. Rocha regresa justo cuando todas esas piezas están moviéndose.
La hipótesis de fondo es que López Obrador está reaccionando ante un escenario que percibe como peligroso para su entorno y para el proyecto político que construyó. Claudia, mientras tanto, está demostrando que tiene algo que AMLO ya no posee: el control directo del aparato del Estado.
Ésa puede ser la verdadera importancia del regreso de Rocha. No el destino político de un gobernador sinaloense, sino el comienzo de una disputa por el poder dentro del movimiento que durante años tuvo un solo centro de gravedad.
El caso de Rocha muestra lo que puede convertirse en uno de los grandes procesos políticos de la segunda mitad del sexenio: la separación entre la autoridad histórica de López Obrador y el poder efectivo de Claudia Sheinbaum.